Vermud aceptó el trabajo de «Rey Demonio Sustituto» atraído por el generoso paquete salarial y los beneficios laborales del ejército demoníaco. Su único deber contractual parecía fácil: sentarse en el trono con cara de malo y esperar a que el Héroe legendario lo atravesara con la espada sagrada para cumplir la profecía.
Sin embargo, el trabajo se vuelve una pesadilla burocrática cuando descubre que el Héroe es torpe e incompetente, los generales demoníacos son excéntricos y la mazmorra tiene constantes problemas de presupuesto. Vermud deberá usar toda su astucia para asegurarse de que el Héroe logre derrotarlo sin arruinar su plan de jubilación.





