La reunión semanal del consejo administrativo del castillo demoníaco se convirtió rápidamente en una acalorada discusión sobre el presupuesto para armamento y defensas mágicas.
—¡Necesitamos comprar tres dragones de hueso para el foso perimetral! —exigió el archimago liche, golpeando la mesa con su báculo de hueso—. Sin una fuerza disuasoria aérea, el grupo del héroe avanzará demasiado rápido por las colinas exteriores.
Vermud revisó el libro de cuentas con expresión escéptica.
—Un dragón de hueso cuesta cincuenta mil monedas de oro y consume dos toneladas de carne de monstruo a la semana solo para mantener su magia de animación —señaló Vermud—. Si compramos tres, nos quedaremos sin fondos para el banquete de victoria de la guardia y el salario de los cocineros. En lugar de dragones, sugiero colocar señales de advertencia falsas y plantar zarzas venenosas en el camino principal. Es cien veces más barato y causa el mismo retraso.

