La gran cocina del castillo estaba en plena ebullición. Calderos gigantescos hervían estofados de setas gigantes y asados de jabalí de colmillos de hierro para alimentar a los trescientos soldados de la guarnición.
Vermud se sentó en el extremo de la mesa del comedor junto a los soldados rasos, compartiendo pan negro y cerveza de cebada fermentada.
—El Amo Vermud es el primer Rey Demonio que come la misma ración que nosotros —comentó un lancero goblin con una sonrisa desdentada—. Los antiguos señores siempre exigían banquetes de carne de unicornio y vino importado de la capital.
—Un buen comandante conoce el estómago de sus tropas —respondió Vermud con una sonrisa—. Además, si todos estamos bien alimentados, nadie se sentirá tentado a desertar antes de que termine el contrato.

