El polvo de ceniza cubría las ruinas de la antigua metrópolis como una sábana mortuoria. En el cuerpo de Su, las células mutadas absorbían la radiación transformándola en energía bioeléctrica pura.
Frente a él, una criatura de más de cuatro metros sacudió sus placas quitinosas. Sus ojos bioluminiscentes se fijaron en Su con un hambre salvaje.
—Un espécimen clase tirano de nivel cuatro —evaluó Su mentalmente, desenfundando su cuchilla de tungsteno.
La bestia rugió. Su no retrocedió. Con velocidad sobrehumana, trazó una incisión perfecta en la articulación cervical de la criatura.

