El sol de la tarde proyectaba sombras alargadas sobre el Paso de la Serpiente de Hierro, donde un joven espadachín avanzaba con determinación entre los riscos de piedra arenisca.
Jian Chen detuvo sus pasos al detectar una presencia hostil oculta entre las rocas. Su sentido espiritual, afilado tras semanas de entrenamiento constante en el Bosque de las Bestias Mágicas, captaba con claridad las fluctuaciones de energía de al menos tres cultivadores de nivel Santo.
—Sal de ahí. Puedo sentir tu intención asesina desde hace medio kilómetro —dijo Jian Chen con voz firme, materializando su espada espiritual en la palma de su mano derecha.
Tres figuras encapuchadas emergieron de las sombras, empuñando armas envueltas en auras de diferentes colores. El líder, un hombre corpulento con una cicatriz que le cruzaba el rostro, sonrió con malicia.
—Nada personal, muchacho. Solo queremos la bolsa espacial que llevas y el núcleo de bestia de clase cinco que conseguiste ayer. Entrégalo y te dejaremos ir con vida.
Jian Chen no respondió. En un parpadeo, su cuerpo se convirtió en un borrón plateado que atravesó la distancia entre ellos en una fracción de segundo.

