El pabellón de conferencias de la Secta del Río Purpúreo estaba iluminado por lámparas de cristal espiritual. Decenas de ancianos y discípulos del círculo interior observaban con asombro al joven cultivador que acababa de descifrar la tableta de leyes ancestrales.
—Nadie en trescientos años había logrado comprender más de tres caracteres del decreto celestial —exclamó el Gran Anciano con la voz temblorosa de emoción—. ¿Quién eres en realidad, joven amigo?
Zhou Yu sonrió con modestia y guardó la tableta en su manga.
—Solo soy un viajero que intenta comprender las leyes fundamentales del cosmos.

