En el epicentro del Dominio de las Sombras, Han Shuo flotaba en el vacío interdimensional con su cuerpo de Demonio Celestial consolidado al rango supremo.
Las doce almas místicas giraban alrededor de su cuerpo como constelaciones vivientes, canalizando la energía elemental del universo hacia su inframundo demoníaco.
—Los Dioses Supremos creyeron que podían mantener el equilibrio a costa de destruir mundos enteros —declaró Han Shuo—. Pero las artes nigrománticas y el camino del Demonio Verdadero son infinitos.





