Tras reencarnar como una pintora de bajo estatus en un mundo aristocrático donde el arte posee propiedades mágicas, Berenice solo deseaba ganarse la vida de forma tranquila con sus pinceles. Sin embargo, su destino da un giro inesperado cuando recibe el encargo de retratar a la joven heredera de la Casa Ducal, la futura villana que estaba destinada a destruir el imperio.
Al pintar la inocencia y los traumas ocultos de la niña antes de su corrupción, Berenice despierta un poder espiritual latente que cambia el curso de la historia, atrayendo la atención del frío Duque y de los nobles más influyentes de la corte imperial.




