VVC – Capítulo 914

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Capítulo 914: Matrimonio predestinado


Gu Xijiu realmente no podía decir por qué se sentía especialmente atraída por esa estrella. De alguna forma podía sentir la energía que venía de la estrella parpadeante. Había una sensación de calor en su corazón cuando la miraba.

“La estrella es tan opaca y pequeña”, dijo Gu Xijiu en un tono comprensivo, “ni siquiera es tan brillante como las estrellas que la rodean”.

Di Fuyi apoyó su cabeza en ella y miraron la estrella juntos. Entonces le dijo profundamente, “toda estrella tiene su tiempo para brillar”.

“La intensidad del brillo de la estrella es casi la misma durante todo el año, ¿no es así? Ocasionalmente, brillará. Una pequeña estrella, sin embargo, nunca se convertirá en una gran estrella”. Gu Xijiu continuó diciéndole lo que ella sabía sobre las estrellas.

Se giró para mirar a la estrella más grande, “¡la estrella es tan deslumbrante! Desearía que la pequeña estrella fuera la mitad de luminosa que esa”.

Si la pequeña y discreta estrella realmente la representaba, esperaba que pudiera estar junto a la grande para que ambas estrellas pudieran ver el mundo juntas, protegiendo a la gente común. No quería servir como alguien detrás de ella.

“Todo es posible. Un día, la pequeña estrella puede brillar incluso más que la gran estrella”, dijo Di Fuyi, medio en serio, medio en broma. Le planto un beso en su mejilla, “¡sigue trabajando en ello!”

Su cálido aliento soplaba suavemente en sus oídos. Gu Xijiu podía sentir como se sonrojaba. Luego movió su rostro un poco hacia arriba.

Sin dudarlo, Di Fuyi se movió a su lado, tomando la mitad de la silla, “¿de qué te escondes? ¿Me tienes miedo o eres tímida?”

¿Tenía miedo o era tímida con él?

Las esquinas de su boca se curvaron hacia arriba. Bruscamente, le acercó su rostro. Su rostro estaba sólo un poco alejado del suyo. Entre cerro sus ojos, “¿crees que te tengo miedo?”

Di Fuyi fijó sus ojos en su rostro que estaba a su alcance. A tan corta distancia, podía ver claramente los finos cabellos de su cara. Sus ojos eran vividos y brillantes. La mirada en su rostro solía ser bastante fría, pero justo en ese momento, parecía un pequeño zorro orgulloso y de gran espíritu – un pequeño zorro que lo hacía querer conquistar y poseer.

Podía sentir la sangre corriendo por su pecho, pero todavía era capaz de mantener la compostura. Él se sacudió y le respondió honestamente, “no, tú nunca me tienes miedo de mí”.

Gu Xijiu estaba muy contenta. Su respuesta parecía gustarle más.

Ella quería acostarse en su posición original. Repentinamente, hubo un apagón ante sus ojos. Antes de que se diera cuenta, él ya se estaba inclinando hacia abajo para encontrar sus labios con los suyos, “pero realmente quiero ver que te sonrojas…”

Su corazón empezó a latir con fuerza, sin importar cómo tratará de suprimirlo. Sin embargo, en esa ocasión, no lo evitó. Ni siquiera cerró sus ojos.

Él quería verla sonrojarse. Ciertamente no se lo permitiría.

Ella fijó su mirada en sus ojos.

Sus cejas eran elegantes y agraciadas. Las esquinas de sus ojos se curvaron ligeramente hacia arriba. La curvatura era de una perfección incomparable. Su nariz era alta y elegante. Sus ojos oscuros estaban como pintados, suficientemente profundos como para que quedase atrapada en ellos.

Sus ojos se encontraron en el beso.

Di Fuyi entrecerró sus ojos con asombro. La chica era extraordinariamente terca.

Sin embargo, a él le gustaba cómo era

Parpadeó y cerró suavemente sus ojos, como si quisiera derrotar su intensa mirada.

Gu Xijiu se sentía muy segura de sí misma. Ella sostuvo su hombro mientras se giraba y se sacudió para estar por encima de él, presionándolo con su cuerpo. El latido de su corazón se aceleró, pero se las arregló para mirarlo juguetonamente con una sonrisa, “tampoco te ves mal cuando te ruborizas”.

Como una mujer completamente coqueta, acarició sus labios con su dedo, “tus labios son tan flexibles y atractivos…”

Di Fuyi estaba medio recostado con su oscuro y negro cabello esparcido por el suelo. Había una señal de avances amorosos en sus ojos. Él la miró sonriente, mientras obedientemente reconocía todos sus coqueteos como si fuera un conejo inofensivo.