TAS – Capítulo 17

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Capítulo 17 – Diosa de la guerra

Las llamas continuaron ardiendo alrededor de ellos, la luz roja dorada ilumino cada uno de sus rostros hasta que los bordes de los mismos se contrastaron con la oscuridad.

Brendel levantó la cabeza y observo con atención al joven subcapitán que se encontraba montado sobre su caballo. Brendel observo que él estaba igualmente serio: frunció los labios y lo miró silenciosamente como si quisiera someterlo.

Pero independientemente de quién tuviera el control de ese cuerpo, Brendel o Sophie, no se verían afectados por él.

“Soy parte de la milicia de Anchorite, ¿puedo preguntarle al Señor capitán de Bucce cuándo los guardias de Bucce pueden comandar a las tropas aliadas a otra región? ¿Puedo preguntarle al Señor capitán dónde está la orden de su misión?”

Los jinetes detrás de Bretton inmediatamente dejaron de susurrar cuando oyeron hablar a Brendel. Brendel luchó por Aouine en el juego durante años. Su conocimiento acerca de las leyes del reino estaba más allá de cualquiera de los jóvenes guardias que se encontraban ahí presentes.

El joven vice capitán pensó durante mucho tiempo y obstinadamente le respondió: “Los problemas especiales requieren necesidades especiales.”

Brendel sabía que Bretton no dejaría su orgullo y retrocedería. Aún así, Brendel no quería perder más tiempo en ese problema, por lo que no se habría molestado en preocuparse por las peleas infantiles a menos que Bretton fuera el que las buscara primero.

“Estoy buscando a Freya e Irene. ¿Alguno de ustedes las ha visto?”, Preguntó.

Esa era la pregunta que mas se encontraba preocupando a Brendel. Las llamas parecían haber sido creadas por los jóvenes guardias, él consideró la posibilidad de que la futura Diosa de la Guerra pudiera haber sido quemada hasta la muerte. Eso habría sido un grave pecado por parte de Bretton.

[Solo es un pensamiento, Cough.]

Pero la actitud despreocupada de Brendel a lo ojos de Bretton parecía ser arrogante. Realmente no sabía por qué Brendel estaba tan orgulloso de sí mismo cuando ni si quiera era capaz de ascender de rango durante ese largo tiempo. Retuvo el odio en su corazón y le preguntó: “¿Freya? ¿De la tercera milicia? ¿Qué está haciendo ella contigo?”

Brendel pudo notar que el vicecapitán le tenía cariño a Freya, pero su actitud hostil le molestaba. Él había intentado provocarlo muchas veces.

“Capitán Bretton, es mi libertad estar con quién yo quiera. En cuanto a la razón por la que estoy aquí, me temo que es la misma que la suya. Por favor, no crean que no sé en qué situación se encuentra ahora.” Respondió sarcásticamente.

“¡Bastardo, qué actitud crees que es esa!” Uno de los jóvenes detrás de Bretton le reprendió con enfado: “No eres más que solo parte de la milicia y frente a ti está el vice capitán de los guardias, ¡corrige inmediatamente tu actitud ahora mismo!”

Brendel se detuvo un momento y comenzó a estudiarlo cuidadosamente.

Como si quisieran presumir ante él, rápidamente el ejército realizo cuidadosamente una formación para intimidarlo. Miró a los quince jóvenes que se erguían altos como una espada afilada con su uniforme y su brillante armadura. Ciertamente se veían impresionantes.

Brendel sabía que su orgullo era proveniente de ser los mejores en sus ciudades o regiónes de Grinoires, siendo sometidos a una estricta selección y riguroso entrenamiento. Estaban lo suficientemente cerca como para ser considerados como ‘Rango de Grado 1″.

La Santa Catedral de Fuego había declarado que las estadísticas promedio de una persona eran de 3 OZ a 20 OZ. El ‘Rango Grado 1’ incluye a todo espadachín clasificado en el rango ‘Blanco’, aprendices de mago y elementalistas de bajo rango, y otras varias profesiones.

La Santa Catedral de Fuego usaba piedras de ámbar para probar la pureza de cada persona en sus estadísticas. Brendel había visto ese objeto en el juego anteriormente, pero se usaban principalmente para NPC´s. Los jugadores verían sus propios estados en la ventana de caracteres, y por lo tanto no era necesario que ocuparan ese método.

Una vez leyó un libro que contenía información sobre el juego, y sabía que el sesenta por ciento de todo el continente de Vaunte era de ‘rango Grado 1’. Eso era debido a que la esperanza de vida promedio de los humanos era de más de ciento sesenta años y tenían el tiempo suficiente para fortalecerse, pero una vez que el rango era limitado a la edad de diecisiete a diecinueve años, la proporción sería inferior al veinte por ciento. En Aouine, aparte de la academia de magos, la iglesia y los caballeros de reserva, la mayoría de los jóvenes dentro de ese veinte por ciento se encontraban dentro de la guardia. (TL: Nivel 1-20 = Rango blanco. Algunos otros códigos de color de capítulos posteriores).

Brendel estaba mirando a esos jóvenes.

Era correcto decir que esos jóvenes podían mantener la cabeza en alto entre la chusma de la milicia, pero Brendel era una persona de otro mundo, el cual había tenido libertad total, por lo que nunca había pensado en agachar la cabeza hacia alguien más.

La perspectiva de una persona moderna la cual se reconocía a sí mismo como la mayor autoridad después de lo divino.

Por eso se encontraba mirando con frialdad al jinete que lo reprendió y silenciosamente evaluó su fuerza. A pesar de que los oponentes eran fuertes, no creía que sus estadísticas fueran inferiores a ellos después de tener la ‘Espina de Luz’ y El Anillo de la Emperatriz del Viento.

Con su experiencia como guerrero de nivel 130, cualquiera que lo desafiara definitivamente sería vencido. En el mejor de los casos, podrían apresurarse y abrumarlo, pero pensó que Bretton no querría hacer algo tan descarado como eso.

Lo que le sorprendió fue que el vicecapitán detuviera a sus propios hombres alzando su brazo y le preguntara seriamente: “¿Cómo sabías lo que venimos a hacer aquí? ¿Que mas sabes? ¿Quién te dijo esto?”

Brendel obviamente sabía todo ello debido a su conocimiento del juego. Pudiera no conocer todos los detalles, pero una vez que pensó acerca de cómo la historia progresaba, pudo adivinar los eventos que sucedieron. Sabía que no estaban allí porque quisieran lanzar un contraataque, sino por una razón diferente.

Una vez que reorganizó los recuerdos y pensamientos en su mente, y pensó en cómo los guardias de Bucce iban a romper el asedio para llegar a la Fortaleza de Riedon, todo se aclaro.

Los acontecimientos que estaban sucediendo eran similares a los de la historia en el juego. Se suponía que los no-muertos de Madara bloquearían con éxito el bosque de Beldor hoy en día, y en la mañana o tarde los refugiados que se encontraban huyendo, así como los guardias de Bucce serian atacados por el ejército de Madara. Se encontraban increíblemente cerca de la fortaleza de Riedon, casi habían logrado llegar allí, pero el ejército de esqueletos de Kebias hizo que sus esfuerzos fuesen inútiles, quedando atrapados en su trampa.

Incluso ahora, la Fortaleza Riedon no había notado que todo el territorio del este, se encontraba siendo invadido por las fuerzas de Madara.

Sin embargo, todo eso no fue solo una coincidencia, ni fue porque la suerte no estuviera del lado de Bucce. Fue porque se enfrentaron al brazo izquierdo del ejército de Incirsta el cual era aterrador y efectivo. Era simplemente imposible para los guardias de Bucce no coincidir con el infame general no-muerto cuando resguardaban a los débiles y a los viejos.

Además, se habían encontrado antes con el ejército nigromante de Rothko, el cual los había retenido. Esos dos puntos los habían hecho fracasar, convirtiendo este día en una tragedia.

Cuando Brendel se dio cuenta de todo ello, observo por un largo momento una vez más a los jinetes jóvenes, y observo como sus uniformes se encontraban polvorientos y tenían sus ojos apáticos bajo sus expresiones de enojo. Supuso que este día fue exactamente en el que Marden conoció la derrota. Lo que necesitaban ahora era comida y medicinas de esta aldea, para asegurar los corazones de los sobrevivientes y prepararse para el próximo intento de escape del asedio.

Pero Brendel estaba seguro de que Marden no iba a esperar un fracaso por segunda y tercera vez después de hoy. Solo tenía un día y medio antes de que llegara la fuerza principal de Tarkus, ‘El tuerto’, y la tragedia de hoy volvería a repetirse de nuevo.

Marden tuvo la suerte de escapar al final con su vida, pero perdió toda la gloria que le pertenecía como soldado.

Brendel negó con la cabeza cuando pensó en todo eso y no tuvo ánimo para discutir. Aún así, él no era de los que respondían amablemente a un agresor, y respondió de mala manera: “¿Hay realmente alguna necesidad de preguntar? ¿No está escrito todo en tu cara cuando llegaste a esta aldea?”

“Bastardo” El joven detrás de Bretton le contesto enojado. Sus venas sobresalieron de sus sienes, y si no fuera por Bretton quien se encontraba deteniéndolo, habría sacado su espada y luchado con Brendel.

“Tienes toda la razón. Pero como no estás dispuesto a asumir las responsabilidades de que tiene una milicia, entonces solo hazte a un lado.” El joven capitán dijo: “Por favor, no bloquees nuestro camino.”

“Espera”, el temperamento de Brendel se agito un poco. ¿El idiota intentó incitarlo a pelear? Brendel se paró en medio de su camino y preguntó solemnemente: “¿Están los aldeanos con ustedes ahora?”

“No es asunto tuyo.”

“¿Cuántos están heridos?”

La cara de Bretton se volvió más oscura: “No es asunto tuyo.”

“Claro que es asunto mío. Todos ellos son mis amigos y familiares. Freya, Little Fenix, Irene y Mackie. Sus familiares también están entre los aldeanos. Toda la milicia está luchando para proteger a Bucce, para qué están luchando ustedes los guardias?”, Respondió Brendel.

“Escucha bien, no voy a pelear contigo, pero quiero tener una respuesta.”

Su voz firme hizo que todos en el escuadrón permanecieran en silencio. Sus enojados murmullos cesaron.

“Hazte a un lado, Brendel.” Dijo Bretton con una cara fea.

El corazón de Brendel se hundió. Tenía un mal presentimiento.

Sacudió su cabeza: “Tráeme al capitán Marden. Estoy buscando a Freya y a los demás. Puedo ayudarte en esta situación tan desesperada, pero antes de todo, debes decirme, ¿les pasó algo a los familiares del tercer escuadrón de la milicia?”

La cara de Bretton se oscureció por completo.

“¿Tú? Ayudarnos en esta situación?” El joven capitán parecía haber sacado las palabras rechinando de sus dientes. Cuando terminó, giró la cabeza e hizo un gesto a sus propios miembros, indicándoles que se movieran desde el otro lado.

Ya ni siquiera quería perder su aliento con Brendel. Incluso se arrepintió de haber hablado con él antes. Pensó en la batalla que tuvo por la tarde y sintió que fue la mayor pesadilla de toda su vida. Incluso creía que continuaría atormentándolo toda su vida.

Brendel estaba de pie a un lado mientras los miraba irse silenciosamente. Su mente pondero diversas posibilidades, pero solo existía una posibilidad que tenía sentido. No pudo evitar llamarlo: “Bretton”.

El capitán se detuvo de inmediato.

“¿Fue la familia de Freya?”

El cuerpo de Bretton se puso rígido. Vaciló un momento y asintió.

“¿Qué pasó exactamente?”

“Cuando encuentres a Freya, ayúdame a decírselo.”

“¿Qué?”

Bretton suspiró: “Si la encuentras, dile que lo siento. Durante la batalla de esta tarde, el tío Cecil y su tía fueron desafortunadamente…”

Antes de que terminara de hablar, escuchó un ruido metálico detrás de él.

Todos se sobresaltaron y miraron hacia atrás, solo para encontrar a Freya con una cara pálida llena de incredulidad, su espada cayo de su mano.

La joven Irene que se encontraba siguiendo a la futura diosa de la guerra parecía indefensa.

“¡Freya!” Brendel se sorprendió por su apariencia. Él ya sabía lo que Bretton iba a decir.

“¿Cómo es posible, mi tía no…?”

La voz de Freya de repente estalló en sollozo, y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.

El corazón de todos se llenó de debilidad.

Brendel miró a Freya, quien siempre se había mantenido fuerte, como ahora se encontraba arrodillada en el suelo, llorando de tristeza, parecía tan débil que parecía un pequeño animal herido. Esa escena familiar había sucedido muchas veces antes en sus recuerdos y su garganta se sentía reseca. Quería decir algo para reconfortarla, pero no había palabras que salieran de sus labios.

Solo podía vigilarla en silencio. De repente se dio cuenta de algo. ¿Esta cruel guerra fue la que bautizó a esa chica sencilla, inocente y amable como una futura Diosa de la Guerra?

La historia se estaba repitiendo.