GDK – Capítulo 917

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Capítulo 917: Hazme un favor


Desde que Baum fue ejecutado y McKinley lo reemplazó como el Señor de Ciudad Etérea, la ciudad había mejorado rápidamente en términos de comercio y capacidad de combate.

Uno de los primeros actos de McKinley como el Señor de la Ciudad fue el reducir los impuestos en toda clase de tratos. También mantendría la economía y el sistema político de la ciudad, de manera que hubiera una participación mínima del gobierno en ciertas áreas de la política pública y el sector privado. Todos aquellos que llegaban en paz se les permitía entrar a la ciudad.

McKinley había probado ser mucho más capaz que Baum. No sólo era grandioso en la administración, también era altamente apoyado por casi cada clan y comerciante de la ciudad que aprobaba su gobierno. Aquellos guardias divinos que anteriormente le servían a Baum habían cambiado su lealtad hacia él y le servían bien.

Con el generoso apoyo del Señor de la Ciudad, la Farmacia Perla Celestial y la Empresa Goldstone se convirtieron en los negocios más grandes de sus respectivos sectores de Ciudad Etérea. Habían dominado el mercado.

Emily, Phoebe y los otros habían vivido en Ciudad Etérea por un tiempo y se les dio el mejor tratamiento por parte de McKinley, el Señor de la Ciudad. Verdaderamente se sentían como si fueran unos invitados súper importantes. A diferencia de la Ciudad de las Sombras, las regulaciones en esta ciudad eran mucho más simples y los expertos que vivían aquí cultivaban los más diversos tipos de energía. No sólo era una ciudad más tolerable, también era mucho más próspera que la Ciudad de las Sombras.

Con la ayuda de McKinley y la experiencia de Emily y Phoebe al manejar negocios, la Casa Han en la Farmacia Perla Celestial y la Empresa Goldstone dominaron rápidamente el mercado, aplastando a la mayoría de sus competidores, convirtiéndose en los monopolios de las medicinas y cristales de energía de la ciudad.

*** En la Farmacia Perla Celestial, Phoebe, Emily, Sanguis, Bollands y los otros se reunieron para una junta habitual.

“Ciudad Etérea es verdaderamente un lugar maravilloso, pero Bryan ha dicho que la Franja es el lugar al que pertenecemos. No vamos a quedarnos aquí por mucho tiempo así que no hay necesidad de poner mucho esfuerzo en mejorar este lugar”, dijo Stratholme sonriendo.

La Familia Han había estado viviendo con una gran comodidad y seguridad. Podían sentir que McKinley los estaba tratando con la máxima sinceridad, basándose en sus experiencias pasadas.

“No tengo palabras aparte de alabanzas para McKinley. Incluso siento como si estuviera siendo excesivamente amable con nosotros. A pesar de la presión constante de esos comerciantes y las críticas hacia él por ser imparcial, todavía se niega a colocarle impuestos a nuestros negocios. ¡Qué tipo!” dijo Phoebe sonriendo. Sentía como si Ciudad Etérea fuera su enorme patio de juegos donde ella podría hacer lo que sabía mejor.

“Pero no podemos ser presuntuosos a menos que queramos traerle problemas a McKinley. En cualquier caso, Ciudad Etérea no será nuestro hogar. Tan pronto como Bryan regrese, nos dirigiremos a la Franja”, remarcó Emily quien deseaba retornar la amabilidad a McKinley.

“¿Por qué el Maestro no ha regresado todavía? Me pregunto cómo le está yendo”, dijo Sanguis quien se veía bastante preocupado.

Después de escuchar esas palabras, el grupo quedó en silencio. Entendían que Han Shuo al asesinar al Señor de la Ciudad, Hill, significaba casi con seguridad que tendría que enfrentar la ira del Dios Supremo de la Muerte. Para ellos, el Dios Supremo de la Muerte era una existencia inimaginablemente poderosa. Cuanto más vivían en el Elysium, más se reforzaba la idea en sus mentes.

Aunque tenían confianza en Han Shuo, cuando recordaron que él tendría que enfrentarse a una existencia prácticamente invencible, todavía se sentían preocupados por su seguridad.

“No se preocupen, el Maestro estará bien. ¡Incluso si no puede pelear con un Dios Supremo, no debería tener problemas en escapar!” Como siempre Gilbert permanecía ciegamente convencido del poder de Han Shuo. No estaba preocupado en absoluto sobre su seguridad.

“Un Dios Supremo con el Epítome posee lo más puro de sus fuerzas fundamentales. En todo el universo, sólo hay doce de ellos. Sus poderes ciertamente están más allá de los límites de nuestra imaginación, así que no podemos especular nada. Todo lo que podemos hacer es esperar que nuestro Patriarca esté bien”, remarcó Bollands después de dejar salir un suspiro. De alguna manera parecía preocupado.

“Muy bien, ustedes pueden dejar de preocuparse. ¡Empaquen sus cosas, nos vamos a ir a la Franja!” dijo Han Shuo después de que su majestuosa figura se materializó repentinamente en un instante en la habitación.

“¡Bryan! Me alegro de que estés bien. ¿Qué ocurrió?” preguntó Emily apresuradamente.

“Hill, Hofs, Wallace, Larikson, Ralph – ¡todos ellos están muertos!” Han Shuo puso una sonrisa, miró al grupo antes de remarcar, “al parecer McKinley los ha estado tratando bien”.

“Definitivamente. ¡Comparado a como fuimos tratados en Ciudad Witherbone, este lugar es simplemente el cielo!” dijo Stratholme con una ligera sonrisa. Parecía gustarle el lugar.

Sanguis, Emily, Phoebe y los otros festejaron cuando escucharon que Hill y los otros habían sido asesinados. Eran los enemigos mortales de la Casa Han y al estar muertos eso sólo podría ser bueno para su reputación y futuro. También tendrían menos amenazas ocultas por las que preocuparse.

“Muy bien, ustedes deberían comenzar a empacar. Le haré una visita a McKinley y después de eso, comenzaremos nuestro viaje a la Franja. No importa que tan grandiosa sea Ciudad Etérea, al final, es la tierra de alguien más. En la Franja, sin embargo, seremos verdaderamente los dueños de la tierra. Estoy seguro de que cuando vean el Pandemonio, se van a enamorar del lugar”, dijo Han Shuo sonriendo antes de desvanecerse bruscamente.

*** En la Mansión del Señor de Ciudad Etérea.

McKinley quien estaba meditando en su gimnasio repentinamente puso una enorme sonrisa. Estaba feliz de ver a Han Shuo quien repentinamente se mostró frente a él. “¡Bryan! ¡Finalmente, me visitas!”

La conducta del viejo se había transformado. La tristeza que había acumulado durante milenios de estar atrapado, había sido borrada y parecía lleno de energía y con un gran ánimo. Estaba muy satisfecho con ser el Señor de Ciudad Etérea.

“¡Jeje, parece que lo estás haciendo bien y tu fuerza ha mejorado! Entonces, ¿cuándo vas a romper al reino del dios supremo?” preguntó Han Shuo bromeando.

Él y el anciano habían continuado en contacto en los pasados años. Aunque raramente se reunían, gracias a la proximidad de Ciudad Etérea con la Franja, se habían estado escribiendo frecuentemente. Han Shuo estaba consciente de la situación de McKinley en Ciudad Etérea y a su vez este sabía cómo le iba en la Franja.

“¡No importa qué tan rápido avance mi fuerza, todavía soy un caracol comparado contigo!” El viejo rio de corazón antes de remarcar, “todavía recuerdo que tan débil eras en el Continente Profundo. Pero ¿quién habría esperado que podrías avanzar a tan alto reino en sólo menos de cien años después de llegar al Elysium? ¡Qué extraño eres!”

“Estaré tomando a mi familia para ir pronto a la Franja. ¿Algún progreso en esos dispositivos que prometiste hacer para mí?” preguntó Han Shuo.

“Los tengo listos desde hace mucho tiempo”, McKinley sonrió y un anillo espacial voló hacia Han Shuo antes de que nombrara los dispositivos, “Espejo mágico, Pergamino de Portal, Disruptor Espacial…” también le informó a Han Shuo sobre cómo operar estos dispositivos.

El espejo mágico era un dispositivo de comunicación que permitía a la gente separada por una enorme distancia el comunicarse, lo cual sería muy útil para la recolección de inteligencia de Han Shuo en la Franja.

El Pergamino de Portal era una herramienta maravillosa para escapar. Han Shuo quizás no necesitaba uno, pero si los miembros de su clan tenían uno, podrían escapar de peligros al usar ese dispositivo que rasgaba el espacio tiempo. Esto incrementaría sus oportunidades para sobrevivir.

Como su nombre lo indicaba, el Disruptor Espacial era un dispositivo para perturbar el espacio tiempo. Un experto normal del edicto del espacio o una persona con recursos que tuviera un Pergamino de Portal, usualmente podrían escapar al rasgar el espacio tiempo. Con un Disruptor Espacial, los miembros de la Familia Han podrían prevenir que sus víctimas escaparan con ese método.

Aparte de esos tres dispositivos, Han Shuo también recibió otras clases de dispositivos que solo un cultivador del edicto del espacio podría producir. Algunos de ellos eran incluso útiles para él.

“¡Grandioso, fantástico! ¡Jeje, muchas gracias!” Han Shuo sintió y revisó el anillo espacial en su mano. Detecto los Espejos Mágicos, Pergaminos de Portal y otros dispositivos del edicto del espacio numerados en unas docenas cada uno. Era más que suficiente para los miembros de su clan.

“Cierto, Bryan, escuche que causaste un alboroto en la Ciudad de la Glotonería y peleaste con Yarus. ¿Eso es cierto?” preguntó repentinamente McKinley. Parecía inusualmente interesado en el asunto.

Han Shuo asintió y respondió sonriendo, “sí. Puedo confirmar que los rumores de que Yarus ha alcanzado el reino del dios supremo son verdad. Es un tipo decente y honorable. Estaría más que encantado de tenerlo como un amigo, pero que mal, sólo podemos ser enemigos debido a que asesine a su hermano Larikson”.

McKinley rio mientras sacudía su cabeza, como si estuviera perdido de palabras. Luego, después de pensar por un momento, de una manera algo avergonzada, le preguntó a Han Shuo, “Bryan, ¿puedo pedirte un favor?”

Han Shuo se quedó en blanco por una fracción de segundo antes de responder sonriendo, “desde luego, no hay necesidad de vacilar entre nosotros. Sólo dime que es y puedes considerarlo hecho. Incluso asesinaría y saquearía por ti”.

McKinley sonrió. Parecía conmovido por sus palabras. Mantuvo silencio por un momento antes de preguntar, “cómo sabes, fue Gýal, uno de los Guardianes de la Luz, quien separó mi alma divina de mi cuerpo divino. Quiero vengarme y espero que puedas ayudarme”.

Gýal era uno de los tres Guardias de la Luz, los discípulos más piadosos del Dios de la Luz. Había alcanzado la fuerza de un dios alto en la etapa tardía muchos años antes y McKinley no era rival para él. Necesitaba por lo menos un asistente para derrotarlo y Han Shuo era el candidato más adecuado.

«No hay problema. Sólo dime cuando y donde”, aceptó Han Shuo sin pensarlo.

«¡Gracias! Te dejaré saberlo cuando localice a Gýal”, McKinley le agradeció solemnemente.

“Seguro, estaré esperando por tu mensaje. ¡Muy bien, es tiempo de regresar a la Franja!” dijo Han Shuo sonriendo y se desvaneció sin intercambiar cortesías.