GDK – Capítulo 528

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Capítulo 528: Los rangos entre los dioses


En el infinitamente vasto universo, donde hay innumerables planos de existencia. Donde podrían encontrarse tantos planos existenciales como estrellas en el cielo. Muchos de esos planos estaban habitados por formas de vida con inteligencia avanzada. El Continente Profundo y el Reino del Abismo eran solamente un par de esos planos incontables.

Un tiempo indeterminado había pasado desde que ciertas criaturas de alto nivel habían aprendido a utilizar la energía que estaba presente entre el cielo y la tierra. Al cultivar sus cuerpos estos gradualmente ganaban fuerzas aterradoras, poderes que les permitirían el trascender la vida y la muerte, poniéndose sobre lo mundano y siendo llamados dioses.

Estos representaban una pequeña fracción de la población que podía manipular la energía elemental a su alrededor o quizás dominaron alguna de las leyes naturales profundas. A través de la cultivación constante y evolución, estos se colocaron a sí mismo por encima de lo ordinario, ganando la admiración y adoración de todo el mundo.

Uno podría convertirse en un dios al dominar cualquier clase de energía hasta el pináculo, siendo esta energía del miedo, odio, deseo o cualquier otra. Mientras que uno cultivara métodos para usar esa energía al máximo, podrían ganar poderes milagrosos y convertirse en lo así llamado ‘Dios’.

En el universo ilimitado, había dos tipos fundamentales de energías que estaban omnipresentes. Esas energías tenían la presencia más intensa y los dioses quienes las dominaban eran los más poderosos. El primer tipo consistía en las ocho energías elementales – luz, oscuridad, tierra, fuego, viento, agua, rayo y muerte. El segundo tipo consistía en cuatro energías dictatorías – fe, espacio tiempo, destrucción y vida.

Las energías elementales y las fuerzas dictatorías podían ser encontradas en cada esquina del universo. Mientras esos dos tipos de energías estaban presentes en la mayoría de los planos de existencia y eran los componentes más rudimentarios entre el cielo y la tierra, aquellos quienes los cultivaban tenían un potencial ilimitado y eran usualmente más fuertes que aquellos que cultivaban otras energías.

La división de clases existía entre los dioses basados en la magnitud de sus fuerzas. Había semidioses, dioses fundamentales, dioses bajos, dioses medios, dioses altos, dioses superiores y Creadores. Para ser un semidiós, uno tenía que formar por lo menos algo de lo siguiente – Cuerpo Elemental, Alma Elemental, Cuerpo Dictatorío o Alma Dictatoría. Aquellos quienes unían ambos, tanto cuerpo como alma con energía elemental o fuerza dictatoría poseerían fuerzas mayores que los semidioses y serían llamados dioses fundamentales.

Crosius, el pequeño esqueleto, el rey tribal de seis cuernos de la Raza Alma, la Santidad de la Iglesia de la Luz, todos ellos eran dioses fundamentales. Eran existencias cuyas almas y cuerpos se habían fusionado completamente con las energías elementales.

Los dioses fundamentales tenían los cimientos para ser un dios, pero aunque eran considerados como dioses reales por la mayoría, en los ojos de los dioses de alto nivel, aún tenían un largo camino por seguir. Era cuando progresaran un paso más adelante, poseyendo numerosos seguidores y siendo capaces de dominar el Dominio de la Divinidad y obteniendo poderes divinos, podían ser considerados dioses legítimos.

Para ser adorado, capaz de formar el Dominio de la Divinidad y poseer energía divina – esas tres cosas eran prerrequisitos clave para ser un dios verdadero.

De los tres, la energía divina era la clave. Cuando un dios fundamental cultivaba y llegaba a comprender su dominio de experiencia en alguna clase de nivel profundo, obtendrían un poder divino. Esto era desde luego, el paso más difícil de todos, como uno debería por sí mismo averiguar cómo formar el poder divino. Uno sólo podría producir energía divina a través de sus propias realizaciones y entendimientos de la manipulación de la energía elemental y las fuerzas dictatorías.

Cuando el practicante finalmente se las arreglaba para producir energía divina, sería incluso más adepto al manipular la energía que cultivaba, en ese punto podrían ser capaces de establecer una religión o una organización similar para reclutar a plenitud formas de vida inteligentes para que los adoren. Una vez que adquieran creyentes hasta cierta cantidad, los principios de la fe podrían transformarse en alguna clase de energía extraordinaria que la existencia de adoradores podría utilizar. Al fusionar el poder de la fe y la energía divina, el Dominio de la Divinidad podría ser formado.

La autocultivación era el método que consumía más tiempo y producía el menor avance. Absorbiendo las referencias al asesinar a otro dios que cultivara la misma energía y procediera a absorber una energía homóloga a la energía divina de sus cuerpos. Ese método no estaba libre de riesgos mayores. Si uno no era cuidadoso, estos podrían convertirse de ser el cazador a la presa.

Otro método era el absorber la energía de alguna creación maravillosa de la naturaleza. Suerte perpetua e ilimitada era la primera condición para ese método, lo cual tenía una probabilidad muy baja de éxito que al asesinar a otro dios y asimilar su energía divina.

Acumular fe para elevar la energía divina era enormemente más problemático, pero permanecía como la ruta favorita para la mayoría de los dioses. Mientras que suficientes personas creían en ellos, podrían incrementar sus energías divinas a través de millones de hebras del poder de la fe.

Mientras que el poder de la fe incrementara, el Dominio de la Divinidad también se volvería más poderoso. En la batalla entre dioses, era común que la fuerza de sus Dominios de la Divinidad fuera lo que determinaba qué lado tenía la ventaja. Por todas esas razones, el poder de la fe era muy útil.

La Iglesia de la Luz, la Iglesia de la Calamidad, la Orden Druídica, el Santuario del Hielo, incluso los elfos oscuros y los trols del bosque, cada uno adoraba sus propios dioses. Esos dioses reunían energía divina de la fe de sus creyentes. La realidad era que las diferentes religiones peleaban unas con otras por creyentes por el propósito de obtener ganancias.

Ocho tipos de energías elementales y cuatro fuerzas dictatorías. De todos los dioses grandes y pequeños que cultivaban en cualquiera de esas doce energías, una mayoría de ellos elegía ganar energía divina a través de la cultivación y tomando creyentes.

Pero eso ciertamente no era una regla para todos los dioses. Existían aquellos quienes alzaban sus energías divinas por otros medios.

Por ejemplo, dioses que cultivaban en el elemento de la muerte podían obtener energía divina a través de las muertes de seres vivos. Dioses quienes cultivaban en el edicto de la destrucción podían ganar energía divina al destruir la vida. Dioses quienes cultivaban en el edicto de la vida podían ganar energía divina de planos materiales llenos de vitalidad.

Sin embargo, esos métodos podrían estar o no en conflicto con los intereses de otros dioses. Por ejemplo, los dioses de la muerte y destrucción podían ganar energía divina de la muerte y el perecimiento. En el otro lado, sin embargo, los dioses de la vida podían obtener energía de la fuerza de la vida de millones de cosas vivientes en la existencia.

Era precisamente debido a semejante colisión de intereses que el conflicto constante era inevitable entre los dioses.

Justo como Wolf de la Iglesia de la Calamidad dijo antes, el Cementerio de la Muerte en efecto no era originario del Continente Profundo. La característica más importante del Cementerio de la Muerte era la matriz de transportación mágica a gran escala en su centro, la cual tenía la capacidad de navegar entre diferentes planos. Un poderoso dios superior que cultivaba en la energía de la muerte se alió con un dios superior que cultivaba en la energía de la destrucción. Trabajaron juntos para extender la muerte y destrucción a cada plano de existencia y de ello ganar una fuerza mayor. Mientras tanto, un dios superior de la vida unió fuerzas con otros dioses para detenerlo en todos esos planos. Por tanto, guerras emergieron en la mayoría de los planos de existencia, con el Continente Profundo siendo uno de los planos afectados.

El Cementerio de la Muerte era la puerta para que los dos poderosos dioses superiores viajarán entre varios planos materiales. Su disponibilidad no estaba limitada al Continente Profundo – también podía ser encontrado en algunos otros planos materiales. Aquellos Cementerios de la Muerte hacían fácil para sus subordinados, dioses menores bajo su control, el llevar muerte y destrucción a otros planos.

Cuando ellos ponían un pie por primera vez en un nuevo plano, podrían establecer una organización religiosa y coaccionar organismos en el plano para adorarlos. Todos esos seres quienes los adoraban ganaban protección mientras estos cosechaban una hebra sin fin de poder de la fe de ellos. Sin embargo, si los seres vivos en ese plano ya adoraban a otros dioses, estos harían llover muerte y destrucción sobre ellos y ganarían energía de sus muertes.

El Continente Profundo era sólo un pequeño plano de la existencia. Cinco mil años antes, una gran guerra desoló al Continente Profundo e involucró a prácticamente cada existencia poderosa en el. Los dos dioses superiores de la destrucción y muerte sólo habían enviado a unos cuantos dioses menores para que participaran por ellos. Aunque sus fuerzas fueron derrotadas al final, estos dejaron atrás una semilla del mal en el Continente Profundo – la Iglesia de la Calamidad. Esos dioses de la muerte y destrucción abandonaron el Continente Profundo pero dejaron a la Iglesia de la Calamidad.

El bastón esquelético había sido dejado atrás por un dios medio de la muerte. Ese ser era uno de los líderes principales de la gran guerra. Él dejó atrás algunas piezas de información en el Bastón Esquelético y el Cementerio de la Muerte, con la esperanza de que existieran expertos que cultivarán la necromancia. Además, el bastón esquelético era la llave para acceder al Cementerio de la Muerte. Estaba convencido de que con eso, los creyentes en el Continente Profundo podrían crecer fuertes, lo cual les permitiría obtener incluso un poder mayor de fe.

Sin embargo, el maestro original del bastón esquelético también dejó atrás la Marca de Dios en el Cementerio de la Muerte y el bastón esquelético. Por tanto, una vez que un nuevo maestro sostuviera los poderes de cualquiera de los dos, el hechizo sería activado, causando que el nuevo dueño le sirviera por la eternidad.

‘¡No es de extrañar! Eso explica por qué mi alma fue afectada por cierta clase de energía en el Cementerio de la Muerte’, Han Shuo pensó internamente. Una figura colosal una vez apareció en su mente, presionándolo para que rindiera su alma y fuera su eterno creyente. Sin embargo, fue detenido por la tremenda fuerza de voluntad de Han Shuo y sus poderosas artes demoníacas y por tanto él no fue tocado por la marca y se perdió a sí mismo.

Después de que él rompió a través de las barreras dentro del cráneo de tres ojos, fue muy iluminado. Sus ojos estaban muy abiertos. Un mundo más allá de su imaginación fue presentado ante él. Fue sólo en ese momento que él se dio cuenta que tan magnífico y vasto era verdaderamente el universo y cuantas cosas inconcebibles y maravillosas estaba esperando para que él las descubriera.

Por primera vez, reconoció las luchas sin fin entre los dioses y seres con fuerzas más allá de su propio entendimiento.

Han Shuo giró su vista a los otros dos cráneos. Se preguntó si la información contenida en ellos podrían ser los secretos para establecer una matriz de transportación mágica igual a la del Cementerio de la Muerte.

Con tales deseos en su mente, silencio su corazón nuevamente y trató de atacar las barreras en los dos cráneos con el mismo método. Sin embargo, sintió que su fuerza mental no había alcanzado aún el nivel necesario. Se sintió bastante impotente hacia los secretos dentro de los cráneos.

Repentinamente, una pura y melodiosa llamada entró en sus oídos a través de la formación mágica que él desplegó anteriormente, “Señor Han Shuo, ¿está el Señor Han Shuo allí?” Él pudo reconocer que la voz era de la hija del Señor Crosius. Después de pensarlo por un tiempo, consideró el hecho de que no podría desvelar más secretos del bastón esquelético por el momento, se puso de pie y se dirigió a la salida.