Capítulo 300: Ciudad rota, soldados rotos


Un carruaje de aspecto humilde pasó a través de la puerta rota de la ciudad plagada de agujeros. Las calles estaban desiertas, con ocasionales avistamientos de una o dos personas. Los ojos de los que estaban en las calles estaban llenos de desesperación y resentimiento, una silenciosa protesta contra su vida trágica actual.

La Ciudad Brettel estaba tan sucia como había esperado Han Shuo, luciendo solo un poco mejor que las vistas que había tenido en el camino. Unos cuantos soldados perezosos miraron indiferentemente que el carruaje entraba a la ciudad sin preguntar sobre su origen o una tarifa de entrada. Parecía que la Ciudad Brettel estaba al borde de la muerte.

“Hey, ¿puedes decirme por favor donde está la mansión del señor de la ciudad?” Chester tiró de las riendas y le sonrió a un civil que se miraba como un mendigo.

Esa persona yacía perezosamente a la luz del sol, enfocada en sacar las pulgas de su cuerpo. Parecía no haber escuchado la pregunta de Chester. Él ni siquiera levantó la cabeza.

“Te daré una moneda de plata, ¿dónde está la mansión del señor de la ciudad?” Chester había nacido pobre así que sabía bastante sobre el temperamento de los pobres. Con una sonrisa en su rostro, volvió a preguntar pacientemente.

La mención de la moneda de plata mostró de inmediato su efectividad. Olfateando el aroma seductor del dinero, el mendigo aparentemente sordo de repente miró a Chester. Señaló en dirección a una calle hacia el este, “ve derecho por trescientos metros. La mansión más alta y más destruida es la mansión del señor de la ciudad”.

Una moneda plateada que brillaba a la luz del sol giro a través del aire y se detuvo en el suelo frente al mendigo. Chester azotó el caballo y se fue sin decir gracias, siguiendo las direcciones hacia la mansión del señor de la ciudad.

El mendigo tomó apresuradamente la moneda de plata, apretándola con fuerza en su mano. Luego miró hacia la dirección donde los dos se marchaban y murmuró, “Algunas personas más han venido a Ciudad Brettel. Si no se trata de un comerciante tomando riesgos viniendo para sacar beneficios, entonces debe ser el legendario conde desafortunado. Pobre tipo”.

Cada vez que la Ciudad Brettel era invadida, el señor de la ciudad sería el foco amoroso de su atención. Como tal, las paredes del gran edificio alto no eran muy resistentes, y todavía había varios agujeros decorando el terreno de las cercanías, remanentes del bombardeo anterior, que aún no habían sido reparados. Cuando llegó el carruaje de Han Shuo, solo estaban presentes un puñado de cinco doncellas y menos de una docena de soldados.

La actitud de esas doncellas y soldados ante la llegada de Han Shuo fue bastante indiferente. No eran entusiastas ni acogedoras a la manera de un subordinado. Desde luego, un banquete de bienvenida que sería normal en otras áreas fue aún más imposible.

La mansión del señor de la ciudad era al menos cinco veces más grande que la mansión de Han Shuo en la Ciudad Ossen. Sin embargo, realmente no tenía otros usos aparte de ser grande. Como el señor de la ciudad fue el primero en huir después de cada invasión, no se había estacionado ningún soldado allí. Por lo tanto, la mansión del señor de la ciudad siempre fue la primera en ser saqueada.

Incluso algunas cosas que eran difíciles de quitar desaparecieron después de sucesivos ataques. Lo que era increíblemente ridículo era que Han Shuo realmente vio un gran agujero rectangular en el suelo – remanente de una mesa de jade blanco que había sido robada. Eso fue suficiente para que Han Shuo imaginara la situación real en Ciudad Brettel.

“Describe la situación actual de Ciudad Brettel para mí”. Han Shuo le pregunto a Dick mientras estaba sentado en el desvencijado vestíbulo de la mansión del señor de la ciudad. Dick era el enlace del Manto Oscuro en esa ciudad, y había llegado después de enterarse de la entrada de Han Shuo.

Dick era un hombre que tenía aproximadamente cuarenta años. Parecía ordinario, con su nariz en lo alto de su rostro. Era una característica exclusiva de los habitantes de las montañas de Ciudad Brettel. Dick presentó sus respetos a Han Shuo y respondió con una versión algo incómoda de la lengua imperial, “El antiguo señor de la Ciudad Brettel llevó consigo a un total de quinientos familiares con él cuando se retiró. La ciudad entera actualmente solo tiene un poco más de tres mil soldados, con una población total de la ciudad de menos de cincuenta mil. Los tres mil soldados no son suficientes para proteger las puertas de la ciudad, sin mencionar que generalmente huyen incluso más rápido que los civiles. Las defensas de la ciudad nunca se arreglaron después de un ataque debido a la falta de fondos y ahora casi han perdido toda capacidad defensiva”.

“La gente de la montaña es originaria de la Ciudad Brettel y la mayoría de ellos vive en varias montañas escarpadas de la zona. Esas montañas producen minerales valiosos. Los nativos están muy familiarizados con el terreno de las grandes montañas y es difícil lanzar un ataque en contra de las montañas. Esa es la razón por la cual la gente de las montañas puede resistir las invasiones de los siete grandes ducados”.

“De hecho, Ciudad Brettel ha estado relativamente segura hasta ahora. Después de docenas de grandes y pequeñas invasiones, los siete grandes ducados saben que ya no queda nada para saquear en esta ciudad. Incluso si gastaran el tiempo y los recursos para una incursión, no hay suficiente para saquear en la ciudad para asegurar un beneficio. Es por eso que no ha habido más agresiones en los últimos meses”.

“Son más bien las minas en las grandes montañas que nos rodean y que los nativos protegen y cosechan las que se han convertido en el objetivo de bandidos y ejércitos privados. Sin embargo, las personas de las montañas no son tan incompetentes como los soldados imperiales. Hasta ahora, apenas han podido resistir la embestida de los ataques…”

Han Shuo creció gradualmente para comprender la situación en Ciudad Brettel gracias a la visión general de Dick. Cuando Dick terminó de hablar, Han Shuo miró a un soldado en la mansión del señor y ordeno, “Reúne a todos los soldados de la ciudad frente a la mansión del señor de la ciudad. Quiero ver cómo se ven actualmente”.

“¡Si, Señor Conde!” Ese soldado respondió perezosamente y trepó sin prisas a un caballo flaco antes de salir lentamente del castillo.

“Mi Señor, estarás decepcionado”. Dick sacudió la cabeza con un largo suspiro mientras hablaba con Han Shuo.

“Lo sé. ¡Pero creo que no me decepcionare de nuevo en el futuro!” Han Shuo sonrió suavemente antes de hundirse en el silencio con el ceño fruncido.

Los dispersos soldados de la ciudad finalmente se reunieron sin prisas después de casi dos horas. Se reunieron en el frente del castillo sin orden ni disciplina. Sus cuerpos no se veían muy fuertes, y su complexión era enfermiza, probablemente debido a problemas con la comida. Nadie tenía ningún rastro del tipo de actitud y espíritu que un soldado debería tener. Estaba claro que no serían capaces de resistir ni un solo golpe con su fuerza de combate actual.

Las espadas, arcos y lanzas en sus manos eran de calidad inferior, con manchas de óxido sobre ellas. Han Shuo sintió que casi cualquier arma forjada por los enanos podía romper todas sus armas. Solo un tercio de los soldados eran hombres de mediana edad y jóvenes fuertes. El resto eran viejos mucho mayores que se movían mucho más despacio. ¿Quién podría esperar depender de las capacidades de combate de esa gente?

Han Shuo se paró en la plataforma alta frente a la mansión, observando a esos soldados por un tiempo. Reflexionó en silencio antes de decir con una sonrisa, “desde hoy, sus días felices han terminado. Los soldados mayores de cincuenta años serán eliminados. Para esa gente, les garantizaré una vida normal”.

“En cuanto al resto, no solo tendrán suficiente comida para llenar su estómago, sino que también obtendrán nuevas armas y armaduras, además de potentes caballos de guerra. Desde luego, también serán entrenados de una manera cruel y tortuosa para esperar la próxima oportunidad de lavar nuestra vergüenza previa con la sangre de los invasores. Conmigo aquí, Ciudad Brettel tiene que cambiar por completo”.

Los soldados mayores de abajo estallaron en un alboroto. Eran indiferentes a la orden de retiro de Han Shuo, pero dudaban de su garantía para una vida con suficiente comida y ropa. La gente joven volteo a mirarse mientras procesaban sus palabras, sin saber lo que él realmente quería hacer.

“Señor Conde ¿a qué se refiere con eso?” Dick estaba junto a Han Shuo y le preguntó a Han Shuo con sorpresa.

“Su Señoría, incluso si los miles de nosotros conseguimos nuevas armas y caballos de guerra, ¿cree que podríamos estar firmes en contra de diez o veinte mil bandidos o decenas de miles de soldados de los ejércitos oficiales de los siete grandes ducados con este muro de la ciudad roto?” Un soldado barbudo y de aspecto crudo levantó la cabeza y le grito a Han Shuo.

“No tienes que preocuparte por eso. Como soldado, si no tienes manera de evitar que el enemigo invada, debes ofrecer tu propia cabeza para lavar tu fracaso y tu vergüenza. Personalmente cortaré las cabezas de aquellos que se atrevan a escapar para prolongar sus vidas”. Han Shuo miró con frialdad a ese tipo fornido y chasqueó.

“Su Señoría, creo que será mejor que se vaya cuando aún es temprano. Este lugar ha sido abandonado por el Imperio. ¿Cree que usted solo puede cambiar la situación de Ciudad Brettel? Sin cien mil soldados imperiales de élite para proteger esta ciudad, nunca podrá escapar de su destino de ser invadida. Si quiere buscar la muerte, ¿puede por favor no arrastrarnos con usted?” Ese obstinado soldado era extremadamente arrogante al ignorar los fríos ojos de Han Shuo y refutarlo de manera rebelde.

¡Whoosh!

Un rayo de luz marrón oscuro brilló. Nadie sabía lo que se había lanzado mientras algo se disparó en contra ese soldado rebelde. Al siguiente segundo, una cabeza rodó por un par de hombros, la sangre fresca brotaba del cuello como un pincel recorriendo una hermosa pintura.

“Desde ahora, lo que deben hacer es escuchar y ejecutar comandos. No tienen necesidad de dudas, y aunque las tengan, deben guardarlas para ustedes mismos”. Han Shuo parecía un asesino mientras gritaba, su rostro cruel y despiadado era como el de un carnicero. Los soldados de abajo cerraron sus bocas uno por uno.

En ese momento, una tropa brillante de más de cien caballos de guerra, con sus jinetes sosteniendo armas brillantes en sus manos, entró lentamente al castillo. Un hombre con una armadura plateada de cuerpo entero y con una lanza plateada en la mano inclinó levemente su cuerpo sobre el caballo de guerra para rendirle homenaje a Han Shuo, “Señor Conde, el jinete tierra Faulke dedicará todo su poder para servirlo y atender todas sus órdenes”.

Han Shuo no necesitó pensar demasiado para saber que Lawrence había enviado a Faulke. Han Shuo sintió una atmósfera de matanza de ese hombre que solo existía en verdaderos guerreros que habían pasado por cientos de batallas. Inmediatamente dirigió una mirada llena de malas intenciones a los soldados de Ciudad Brettel y dijo con una risa siniestra, “Faulke, de hoy en adelante, estos están bajo tu cuidado. Usa el método más cruel que tengas para entrenarlos. No te culpare si alguien muere durante el entrenamiento”.