EAA — Capítulo 6

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Capítulo 6: El Libro de Alquimia — Un Tesoro para los Alquimistas


En el estudio, Ye Tian Feng miró a una brillante figura amarilla que examinaba una solicitud sentado el trono imperial. No estaba ansioso, manteniéndose quieto al costado.

Después de un corto momento, el Emperador del Reino Zi Yue dejó a un lado las solicitudes y levantó su cabeza para observar al hermoso joven debajo de la plataforma. “Feng’er, ¿tienes algún asunto que necesite Nuestra atención?.”

Ye Tian Feng sonrió, demostrando confianza.

“Abuelo Real, tu nieto ha venido para hablar sobre el matrimonio con Mu Ru Yue.”

“Nosotros conocemos sus pensamientos.” El emperador de Zi Yue frunció el ceño y dijo con una estricta mirada, “Sin embargo, Nuestras palabras son tan valiosas como el oro y el jade, así que ¿como podemos retirar una orden imperial que fue aprobada por Nosotros personalmente?.”

Levantando sus cejas, un resplandor destello en los profundos ojos de Ye Tian Feng. “Abuelo Real, habrá un torneo muy pronto. El maestro de este nieto lo asistirá personalmente, y durante ese momento, este nieto pediría una Píldora Cielo en nombre de Abuelo Real, y entonces podría tener la oportunidad de convertirse en un practicante de la Séptima Etapa Marcial.

El corazón del Emperador de Zi Yue se detuvo e inmediatamente se emocionó. ¿Quien sabía cuantos años estaba estancado en la Sexta Etapa Marcial? Sería imposible para él hacer un avance significativo sin ayuda externa.

Solo un idiota ignoraria tan buena oportunidad.

El emperador de Zi Yue tosió un par de veces de la sorpresa y sonrió, “En ese caso, Nosotros ayudaremos a Mu Ru Yue de la Familia Mu a encontrar otro esposo para que así Nosotros le respondamos a la Familia Mu, evitando que pierdan mucha cara. Feng’er, trae a Mu Ru Yue aquí en unos días.”

“Si, Abuelo Real.”

Ye Tian Feng bajó respetuosamente la cabeza, una sonrisa complacida apareció en sus labios.

——

En el patio trasero de la Familia Mu, una joven chica abrió sus ojos lentamente. Con un gesto de su mano, un libro apareció en su palma. El libro se veía extremadamente ordinario, sólo las palabras de oro en la simple cubierta de bronce sin adornos mostraron su singularidad.

¡El Libro de Alquimia!

Mu Ru Yue agarró fuertemente al libro con un brillo complejo en sus ojos.

El Libro de Alquimia era un objeto que había heredado de su abuelo en su vida anterior. Todo cultivador pensaría en este libro como el tesoro de sus sueños. Su abuelo había abandonado su secta debido a este libro para establecer una familia aristocrática medicinal en el mundo.

Finalmente, la Familia Gu la había emboscado a ella por causa del libro, dando como resultado su muerte en la Alta Montaña Blanca.

Fue inesperado que ella reencarnara en un gran continente similar a Hua Xia.

“No se cuales son los usos de este objeto que mi abuelo me entregó. Aunque este Libro de Alquimia es invaluable, será una carga si no se puede abrir.»

‘Una persona ignorante no es culpable, pero atesorar un anillo de jade es un crimen’, Mu Ru Yue conocía muy bien ese proverbio, que era muy apropiado para el momento.

En ese momento, el Libro de Alquimia emitió sin previo aviso un rayo de luz que ingresó en la mente de Mu Ru Yue sin su consentimiento.

‘Esto… ¿que está pasando?.’

Hiss!

El cerebro de Mu Ru Yue experimentó un repentino dolor después de un segundo. Ella sostuvo su cabeza con fuerza mientras su pequeño rostro se torna mortalmente pálido gracias al dolor.

Después de una cantidad de tiempo desconocida, su dolor finalmente disminuyó. Mu Ru Yue estaba aún confundida por lo que había ocurrido.

“Justo ahora que…” Ella observó con curiosidad al Libro de Alquimia en su mano con las cejas fruncidas. Y en ese preciso momento, una brisa entró desde la ventana, moviendo las hojas del libro.

“¡Jaja! ¡Han sido muchos años desde que este mayor fue liberado! ¿Hmm? Esta atmósfera… ¿Podría ser que he vuelto al Continente del Dios Marcial?.”

Una risa dominante resonó antes de que Mu Ru Yue viera una figura negra aparecer ante ella.

El hombre que tenía delante estaba lleno de vitalidad y tenía una dominante sonrisa en su suave rostro. Con las cejas levantadas, emitió la misma sensación de grandeza que un monarca.

Era como un remoto y distante rey que miraba con desdén a todas las personas del mundo.